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Natalidad y producción de alimentos en la prehistoria humana.

Es excelente la aclaración que hace Harris acerca de la vida del hombre durante la edad de piedra, al desprejuiciar con abundantes ejemplos y evidencia científica la creencia popular de un hombre primitivo siempre al filo del hambre y del frío. Por el contrario, el examen de los restos arqueológicos demuestra que el hombre neolítico gozó en casi todas partes de una excelente alimentación; es lo que se deduce de los centenares y hasta millares de huesos de mamuts, caballos, bisontes, renos, … hallados cerca de los asentamientos; lo mismo puede decirse acerca de las construcciones halladas en medio de los climas fríos: cavernas artificiales forradas con abundantes pieles y de dimensiones considerables, bajo tierra, daban un confort térmico que no tenía nada que envidiarle a muchas de las construcciones modernas. Así mismo, a partir de los estudios antropológicos se ha calculado que la vida de los cazadores-recolectores no necesita más de dos o tres horas al día para proveerse de alimentos y de combustible (incluido el tiempo de cocina); esto sumado a unas dos horas diarias para la fabricación de utensilios diversos nos hace concluir que el tiempo de ocio del hombre primitivo era realmente abundante. El autor concluye: “el desarrollo de la agricultura dio por resultado el aumento del trabajo per cápita”.  Es un sistema de trabajo que puede absorber muchas más horas de trabajo puesto que mediante ella se puede aumentar el rendimiento por unidad de tierra, algo que la caza-recolección no puede hacer. También nos desprejuicia en cuanto al supuesto desconocimiento de la agricultura por parte de los cazadores-recolectores. Afirma, siempre basándose en evidencias científicas, que usaban la agricultura en caso de necesidad, limpiando malezas por ejemplo, reuniendo plantas o sembrando. Los amerindios domesticaron plantas centenares de años antes de iniciar la vida aldeana (caracterizada por la inclinación a la agricultura). Enumera los pros y los contras de la vida aldeana: al asegurar el alimento mediante la agricultura se disminuye en cambio, en todo su perímetro de acción, la caza y la recolección; en la vida aldeana se pierde mucha privacidad y se originan fácilmente los litigios, las copuchas y las envidias; la seguridad de la aldea ante las agresiones no parece ser mayor a la seguridad seminómada, etc.

El autor expone los distintos tipos de sociedades y comunidades que han existido, cuando fueron descubiertas por los exploradores y conquistadores. Cazadores-recolectores en el sur de Suramérica, Australia, África, y el Ártico, con grupos de 20 a 30 personas y un modelo similar al de la edad de piedra europea. Aldeana en el este asiático, la selva suramericana y los grandes ríos de Norteamérica, a veces con aldeas que superaban el millar de habitantes. De ahí sigue el estado, y luego el imperio. Se pregunta entonces qué es lo que ha llevado a algunas comunidades a crecer tanto y porqué otras han persistido en su vida cazadora-recolectora. Señala que en muchos lugares del planeta fue común comer carne humana, asar a sus víctimas, coleccionar cabezas de enemigos vencidos, al mismo tiempo que recuerda que los europeos tampoco dieron muy buen ejemplo al torturar o asesinar pueblos enteros con el sólo escrúpulo de no comer de sus víctimas ni coleccionar; en otras palabras, los europeos y su iglesia condenaban con espanto la antropofagia azteca pero la tortura o la quema de herejes les parecía normal. Fue siempre el incremento en la población lo que motivó la generación de aldeas y luego estados. Las presiones naturales y humanas (enfermedades, mal clima, falta de alimentos, invasiones) obligaron a los hombres a buscar fuentes de alimentos más seguras: domesticación, agricultura. Señala además que hay dos opciones para mantener el estándar de vida (seguir comiendo, calefacción…): incrementar la producción de alimentos o frenar la natalidad (o incluso disminuirla); la primera opción fue siempre la más recurrente, tratando siempre de encontrar nuevos medios tecnológicos para incrementarla, porque en caso contrario, señala, el incremento de la producción a largo plazo se vuelve antiproductivo. Frenar la natalidad fue el gran imposible durante mucho tiempo, y la única vía para accionar sobre el incremento poblacional fueron el infanticidio y el geronticidio, medidas bastante difundidas y practicadas.

Afirma también que la densidad de población durante el neolítico, a pesar de la abundancia de alimento, se mantuvo siempre baja. Para vivir en la abundancia había que controlar la natalidad; ¿qué hicieron para mantener baja la densidad de la población?; este es “el nexo ausente más importante en el intento por comprender la evolución de las culturas”. Los medios naturales no pueden explicarlo por sí solos. Tampoco la teoría convencional de las enfermedades. En una población tan disgregada la protección contra las epidemias es muy alta; las enfermedades infecciosas que causan la muerte están directamente relacionadas con el nivel nutritivo de la dieta. Son quizás los medios no naturales los que contesten a la pregunta: infanticidio, geronticidio, abortos, pero entre todos ellos el más eficaz fue sin duda el prolongar el período de amamantamiento de los críos: está demostrado que las mujeres lactantes son mucho menos fértiles que las demás; todo depende del nivel de grasa corporal y de un umbral crítico de la misma: dicho umbral no es alcanzado con facilidad mientras la mujer amamanta. “Al prolongar la lactancia, las madres bosquimanas parecen lograr retardar la posibilidad del embarazo durante más de cuatro años. El mismo mecanismo parece ser el responsable del retraso de la monarquía (el principio de la menstruación). Cuanto más elevada es la relación de la grasa corporal con el peso corporal, más pronto llega a la edad de la monarquía… Lo que considero interesante de este descubrimiento es que relaciona la baja fertilidad con dietas ricas en proteínas y pobres en hidratos de carbono” (p18-19), dieta justamente de los cazadores-recolectores. La combinación de factores, prolongación de lactancia e infanticidio (por negligencia en el cuidado de las niñas), permite obtener una tasa de natalidad de 2,1 niños por madre, número que a su vez permite una población estacionaria durante el período neolítico. La hembra humana, sin control alguno de natalidad y con una dieta cargada a los carbohidratos, puede parir doce niños. Se han hecho cálculos aproximados del crecimiento poblacional desde el neolítico si no hubieran cuidado el crecimiento de su población: la cifra es astronómica. Y de verdad que es una pregunta interesante, conociendo las facilidades sexuales de la hembra humana, como es que la población humana durante la edad de piedra creció tan poco.

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Basado en:
Caníbales y Reyes. Los orígenes de la cultura.
Marvin Harris

1.- Natalidad y producción de alimentos

2.- El Origen de la Agricultura

3.- El Origen de la guerra

4.- El Origen del machismo

5.- Los primeros Estados

6.- El Reino caníbal de los Aztecas

7.- La domesticación de Animales

8.- Carne versus Cereales

9.- La vaca sagrada y el despotismo hidráulico

10.- El origen del capitalismo

11.- La burbuja industrial


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